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lunes, 20 de noviembre de 2017

Mafalda y yo, amigas y vecinas

Quienes me conocen saben lo importante que es esta foto para mí. Hoy vine a visitar con mucha alegría a mi ilustre vecina en San Telmo.


 Mafalda y yo somos amigas desde mis seis años. En ese entonces ambas estábamos saliendo de la educación preescolar y nos encaminábamos a descubrir el mundo, aprendiendo muchas cosas en la escuela, compartiendo con amigos, revisando diariamente las noticias en la tele; pero sobre todo acribillando a nuestros respectivos padres con esas preguntas que nadie sabe como responderle a los niños.

Al igual que mi singular amiga, se me conocía por ser muy parlanchina y por una extrema curiosidad por las complicaciones de la vida moderna. Debe ser por eso que mi tía Zuly, mafaldóloga a morir, un día decidió presentarnos a través de su colección completa de historietas. Desde entonces, somos inseparables.

Como apenas tenía 6 años, puede decirse que con Mafalda aprendí a leer y hasta recuerdo haber perdido un par de dientes mientras me mantenía absorta en la lectura de sus reflexiones. Gracias a su carácter contestario supe de Vietnam, de las injusticias sociales, de la violencia contra la mujer y los niños, de los conflictos bélicos mundiales, gracias a eso, un día me convertí en periodista. Nunca olvido esa frase que lanzó a sus amiguitos: "Sonamos!! Muchachos resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, el mundo termina cambiándolo a uno", cuánta sabiduría!!

Mi amiga y yo coincidimos en tantas cosas, en lo sociables, en el disfrutar de actividades en grupo, en el amor por los hermanos (ella sólo tiene un hermanito, yo tengo 3 hermanas. Ambas somos las hermanas mayores en casa). En lo único que no coincidimos es que a mí me encanta la sopa y para ella ese platillo es hasta una  mala palabra.

Siempre me pregunté por qué Mafalda tenía un carácter tan crítico, contestatario, complicado, inconforme, a veces poco delicada o femenina, tipo diva. Hoy que vivo en su terruño me doy cuenta de que en gran medida ella representa el carácter de la mujer argentina, especialmente el de la mujer porteña. Ahora entiendo tantas cosas...


No hay lugar como el hogar... ¿Dónde queda eso?

Esta mañana volví a despertar con el nudo en la garganta. Duro, ¡qué duro es! Tomar de nuevo las maletas y dar el abrazo que nunca quie...