lunes, 25 de diciembre de 2017

No hay lugar como el hogar... ¿Dónde queda eso?



Esta mañana volví a despertar con el nudo en la garganta. Duro, ¡qué duro es! Tomar de nuevo las maletas y dar el abrazo que nunca quieres dar: el de la despedida sin fecha precisa para el reencuentro.
A lo largo de la vida he tenido muchos viajes; pero estos, los del exilio, son los más difíciles de sobrellevar. El temor por la incertidumbre, por el no saber cuándo volverás a ver ese pedacito de familia que tienes en otro rincón del mundo, qué quieren que les diga, me mata.


Voy en un autobús rumbo a Santiago para tomar un vuelo, las lágrimas me invaden, es inevitable… y a todas estas me pregunto: adónde voy? Voy a mi hogar? Dónde queda ese lugar?

Antes tenía un hogar, quedaba en Maracaibo, la ciudad más bella del continente, la mejor ciudad de Venezuela (perdón por la humildad maracucha jejeje). Hoy día, tengo un nuevo sitio de aterrizaje: Buenos Aires, la ciudad que me recibe con todas las oportunidades para comenzar de nuevo.

No obstante, mi hogar no es solamente la capital albiceleste. Mi hogar está repartido entre los distintos puntos del planeta donde se encuentran mis familiares y seres queridos.



Es así como mi hogar, así como mi corazón está repartido entre Maracaibo, Chile, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Ecuador, España, Perú y otros tantos lugares de lo que aún no tengo noticias.

Sin embargo, más allá de todos estos espacios, te cuento que mi alma y lo más profundo de mis afectos vive en el corazón de un niño. 

Allí en el rincón izquierdo del pecho, justo en el corazoncito de mi Samuel, todas mis energías están concentradas. 


En el momento de ese anhelado encuentro que sueño todas las noches.



Vuelo a Buenos Aires con muchos ánimos y esperanzas. Con muchos deseos de seguir luchando, al estilo venezolano: con tesón y pasión. Vuelvo con la ilusión de abrazar nuevamente a Mi Amor y en un dulce beso hacerle saber lo mucho que le he extrañado.


sábado, 23 de diciembre de 2017

Navidad fuera de casa: 5 tips para vivirla sin llanto

Por primera vez en 8 años, me di el permiso de tomarme una semana de vacaciones (así de trabajadores somos los venezolanos). Y dado que aun no llega el momento de volver a Venezuela, tomé un vuelo a Chile para disfrutar estos días abrazando a mi mamá, mi hermana Yndira y a esta porción de familia que tengo en ese rincón del mundo.
La Navidad es una fecha especialmente sensible para quienes llevamos esta vida errante. No más llegar de sorpresa y tocar a la puerta de mi madre, me sentí a salvo del fantasmal espectro de la nostalgia.


He tenido mucha suerte. Estoy consciente de que miles de mis paisanos vivirán estos días sin sus familias. Ese túnel lo conozco y por eso les digo: "fuerza mi raza, todo es temporal. Lo mejor está por venir".
Mantenerse en actitud positiva es clave para vivir lo mejor posible estos días. He aquí cinco tips que pueden ayudarte:



1. EVITA LA SOLEDAD:
Procura rodearte de amigos, colegas, gente conocida, paisanos. La idea es mantenerse acompañado al menos para cenar. Ten en mente que durante tus primeros dos años en tu nuevo hogar cultivarás las amistades más fieles.


2. ACEPTA LOS NUEVOS SABORES, LAS NUEVAS COSTUMBRES:
Es un hecho: Por muchos esfuerzos que hagas para emular tus tradiciones, gastronomía, rituales, nada será EXACTAMENTE igual a como era todo en casa.
Si logras aceptar con paz esta premisa, vas a vivir con mejor ánimo tu Navidad. Acepta con actitud positiva las nuevas vivencias. Son las que les contarás a tus seres queridos cuando vuelvan a reunirse.

3. MANTÉN EL CONTACTO CON TUS SERES QUERIDOS:
Toma ventaja de las redes sociales, telefonía, whatsapp, etc. Seguramente tus seres queridos se preocupan por ti. No desestimes la posibilidad de comunicarte. Regálales la tranquilidad de saber que estás bien.



4. NO TE ANGUSTIES POR TU SITUACIÓN ACTUAL:
Para mi primera Navidad en Buenos Aires estaba literalmente sin dinero. Envié todo lo que pude a Venezuela así que ni pensar en banquetes o en comprar ropa nueva.
Sin embargo, tomé ventaja de las ofertas de último minuto en el supermercado, compré una sidra de 5 $, y esa noche comimos una pechuga de pollo al horno con vegetales, y un pan dulce (a mitad de precio) . Horas más tarde, me fui a trabajar como cuidadora de una adulto mayor . Un 24 de diciembre a las 3 am, mientras todos festejaban, yo estaba laburando.
Un año después, estoy escuchando gaitas t preparando hallacas con mi familia, luego de tomar un vuelo a Chile. Cree esto: todo es temporal.

5. DISFRUTA EL PROCESO: Estos días estarán llenos de anécdotas inolvidables. Disfruta y atesora en tus recuerdos estos momentos. Es mi mejor consejo para forjar el carácter y será la mejor enseñanza para tus hijos.

Deseo para ti los mejores momentos en esta Navidad. Recuerda que estamos juntos en este proceso. Dios dé luz a tus días.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Se busca un motivo para emigrar

Hace unos días, Mi Amor y yo conversábamos sobre temas cotidianos. Y mientras él me contaba sobre situaciones laborales agobiantes (por suerte logró solucionarlas) lanzó esta frase que me dejó pensando: “Ya no estoy en edad para sufrir”.

Todos llegamos, en algún momento, a esa coyuntura de la vida donde la sensación primaria es: “no aguanto más”. No aguanto más a esta pareja, no aguanto más este empleo, no aguanto más el estrés por el negocio… en fin esa situación de que vives en la esfera de lo INSOPORTABLE.

Pero… se puede llegar a decir: ¿no aguanto más este País? ¿Cuando, precisamente, ese País es el tuyo? Sinceramente, yo lo dudo. Particularmente el venezolano demuestra un amor frenético por su tierra, no en vano nos escucharás: en Venezuela lo teníamos todo.


Así que, además de valentía, necesitas razones fuertes y poderosas para tomar una de las decisiones más difíciles de tu vida: emigrar. Si no las tienes, piénsalo dos veces antes de hacer las maletas. Aquí he visto a más de un arrepentido, peor aún, arruinado y retornado a casa “con las tablas en la cabeza” más pobre de como salió.

En mi caso, te las resumo (parafraseando a Mi Amor): ya no estoy en edad para sufrir, ni mucho menos para ver sufrir a mi hijo. Por eso me vine con todo el impulso a conquistar el mundo. Que haya sido en Argentina es circunstancial, la verdad nunca imaginé vivir aquí; afortunadamente ha sido una circunstancia muy linda llena de oportunidades, amistades leales y una historia de amor que se escribe pasito a pasito.

¿Cuáles son tus razones? Eso pregunté a varios de mis paisanos que lograron recuperarse económicamente y reinventarse la vida aquí. Espero te ayuden a evaluar si de verdad ESTÁS CONVENCIDO DE EMIGRAR.

  1.  No veo oportunidades para crecer: Todo joven recién graduado sueña con ejercer su profesión, comprar su primer auto, su primera casa, pagarse sus primeras vacaciones. La gran tragedia tricolor es la diaria fuga de cerebros. Aquí han conseguido los mejores empleos y los sueldos más onerosos. Argentina sabe que son un capital humano con temple y preparación. Si hay algo que el venezolano sabe hacer es TRABAJAR
  2. La vida que tenía se terminó, voy a empezarlo todo de nuevo: Esta fue mi razón inicial para empacar. Hasta la llegada de Chávez al poder, había comprado mi primera casa, mi auto cero kilómetros (por cierto lo compré de contado), tenía puestos de mando muy importantes en mis dos empleos y consolidé el negocio de mis sueños. En el trayecto de 18 años de Patria me quedé sin auto, mi casa en ruinas, mi salario era pírrico (3 dólares por mes), mi negocio estaba en peligro, y tuve que vender mis tesoros más valiosos para que mi hijo pudiera comer sus tres platos diarios. Esa sensación de “las manos vacías” te mueve: ¿Volver a construir la vida, por qué no? ¿Qué puedo perder que no haya perdido ya. 
  3. Soy enemigo del gobierno: Cientos de jóvenes derramaron la vida en las protestas, con la esperanza de que al menos sus familiares tuvieran una vida digna. Y otros miles, perseguidos por el gobierno, salieron por aire, mar o tierra llevando consigo lo mínimo. Estos son los más nostálgicos: para ellos no existe la opción de regresar y son los que más anhelo tienen de ello.
  4. Mis hijos o mi familia ya tienen tiempo aquí: Es el caso de los padres, abuelos, personas mayores, que un día se vieron solos en su ciudad. Ciertamente a las personas mayores nos cuesta desprendernos de la vida construida a lo largo de los años. Sin embargo, cuando llegan las fechas festivas (navidad, día de la madre, semana santa) y te das cuenta de cuantas sillas vacías bordean la mesa, te das cuenta de que tu hogar está donde viven los tesoros de tu corazón.

Sea cual sea tu razón, afiánzate en ella y arma tu plan para construir la vida que anhelas para ti y para tu familia. Evalúa si es lo suficientemente poderosa como para salir de tu zona de confort, o si sólo estás escuchando cantos de sirenas. Emigrar no es cualquier cosa, pregúntate si estás dispuesto REALMENTE a empezar todo de nuevo. 

lunes, 20 de noviembre de 2017

Mafalda y yo, amigas y vecinas

Quienes me conocen saben lo importante que es esta foto para mí. Hoy vine a visitar con mucha alegría a mi ilustre vecina en San Telmo.


 Mafalda y yo somos amigas desde mis seis años. En ese entonces ambas estábamos saliendo de la educación preescolar y nos encaminábamos a descubrir el mundo, aprendiendo muchas cosas en la escuela, compartiendo con amigos, revisando diariamente las noticias en la tele; pero sobre todo acribillando a nuestros respectivos padres con esas preguntas que nadie sabe como responderle a los niños.

Al igual que mi singular amiga, se me conocía por ser muy parlanchina y por una extrema curiosidad por las complicaciones de la vida moderna. Debe ser por eso que mi tía Zuly, mafaldóloga a morir, un día decidió presentarnos a través de su colección completa de historietas. Desde entonces, somos inseparables.

Como apenas tenía 6 años, puede decirse que con Mafalda aprendí a leer y hasta recuerdo haber perdido un par de dientes mientras me mantenía absorta en la lectura de sus reflexiones. Gracias a su carácter contestario supe de Vietnam, de las injusticias sociales, de la violencia contra la mujer y los niños, de los conflictos bélicos mundiales, gracias a eso, un día me convertí en periodista. Nunca olvido esa frase que lanzó a sus amiguitos: "Sonamos!! Muchachos resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, el mundo termina cambiándolo a uno", cuánta sabiduría!!

Mi amiga y yo coincidimos en tantas cosas, en lo sociables, en el disfrutar de actividades en grupo, en el amor por los hermanos (ella sólo tiene un hermanito, yo tengo 3 hermanas. Ambas somos las hermanas mayores en casa). En lo único que no coincidimos es que a mí me encanta la sopa y para ella ese platillo es hasta una  mala palabra.

Siempre me pregunté por qué Mafalda tenía un carácter tan crítico, contestatario, complicado, inconforme, a veces poco delicada o femenina, tipo diva. Hoy que vivo en su terruño me doy cuenta de que en gran medida ella representa el carácter de la mujer argentina, especialmente el de la mujer porteña. Ahora entiendo tantas cosas...


sábado, 18 de noviembre de 2017

Llevo tu luz y tu aroma en mi piel...

Ni bien pones un pie en el aeropuerto, la primera sensación que te invade es la nostalgia.
No sólo por la familia, los amigos y hasta los enemigos que ya es bastante... sino por la Tierra, por la Patria (la que se lleva en los genes) por el País, te das cuenta entonces que siempre has querido a tu terruño. No importa donde vayas, tu espíritu tricolor te acompaña siempre.

El venezolano ama tanto a su País, siempre estuvo tan orgulloso de vivir en la cuna de Bolívar que para cualquier argentino resulta increíble la cantidad de personas, día a día, llegando por Ezeiza, Aeroparque o por el peaje terrestre con Chile. Las cifras estadísticas más tímidas hablan de 2 millones emigrando; sólo en Argentina la migración venezolana creció 140%. El servicio de Migraciones contabilizó 24.367 venezolanos radicados en forma temporaria o permanente y los pronósticos indican que la cifra del 2017 cerrará en 15.000 personas más. 

Claro, cómo íbamos a querer salir de una tierra tan completa, con petróleo, ganado, siembra, nieve, costa, selva, sabana, montaña, médanos todo, todo, todo? pero la realidad dinámica de la vida nos tiene en esta suerte de estampida colectiva, no voy a ahondar en este momento sobre los motivos... no quiero empezar a  llorar ahorita.

El otro día conocí a Marcelo, dueño de una tienda de indumentaria femenina en la zona de Villa Crespo (como cosa rara, yo andaba de turismo shopping, probándome ropa y chupando vidrios con mi hermana Lissette jijiji). Enseguida me escuchó hablar, detectó mi acento y me preguntó: 

- ¿Sos venezolana? 

- Sí - respondí, sin muchos detalles. Luego de un año en Buenos Aires he aprendido a no ahondar mucho en la situación de mi País, porque cuando te afincas en la situación de Venezuela durante una conversación es como si le dieras permiso al vecino para que se compadezca de ti o incluso para que critique o se sienta con derecho de "deliberar" sobre un tema que aun cuando estés a miles de kilómetros de distancia, te duele hasta los tuétanos.

- ¿De Maracaibo sos verdad? - ahí sí que me asombré porque el acento maracucho es muy distinto al del resto de los venezolanos, por no decir que es el más hermoso (humildad! humildad! jajaja).

- Es que yo viví más de 10 años en Venezuela, viví en Margarita, donde fui muy feliz - me aclaró - y te digo algo: yo jamás habría pensado que los venezolanos emigrarían, porque ustedes aman su tierra, allá lo tienen todo y a diferencia de la gente de otros países, a ustedes les encanta vivir en Venezuela. Esto que vemos es increíble para nosotros.
Pero bueno... sea cual sea tu historia, o la mía acá estamos. Los argentinos tienen una frase muy corta  y contundente que acá viene muy bien: "ya está". Terminemos de aterrizar y vivamos lo mejor posible en esta Nación que nos recibe con las puertas abiertas y su carácter amistoso.

La nostalgia por la tierra que te vio nacer es inevitable: en los primeros días te atormenta, te acecha a cada momento, en cada lugar te recuerda en donde "no estás" y a donde no se sabe si algún día regresarás. Pero luego, con el tiempo, y si has tomado  la inteligente decisión de vivir sin apegos y con la actitud positiva de quien mira siempre para adelante, puede que la nostalgia se convierta en esa  fiel compañera que viene a ti como suave brisa para refrescarte la memoria con dulces recuerdos. Y así... puede que logres sobrevivir a la distancia.


En ocasiones, cuando se pone traviesa esta singular duendecilla del pesar y amenaza con doblegar mi buen ánimo, tentándome entonces a atravesar la delgada línea de la tristeza y la amargura, me resulta útil recordar una de mis escenas favoritas: Cinema Paradiso, de Giusseppe Tornatore. En un momento crucial cuando el protagonista, Toto, se siente perdido en su pequeño pueblo y no sabe si irse a Roma para reconstruir su vida, su mejor amigo el anciano Alfredo le insufla, le impulsa a emprender nuevos rumbos sin dejarse abatir por la nostalgia:

- Totó, Vete. Esta tierra está maldita. Mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo. Te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año, dos, y cuando vuelves todo ha cambiado... No encuentras a quien querías encontrar. Tus cosas ya no están. Has de ausentarte mucho tiempo, muchos años, para encontrar a tu vuelta, a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es posible...
-¿Quién dijo eso Alfredo? ¿Gary Cooper, James Stewart, Henry Fonda?
- No, Totó. Eso no lo dijo nadie. Esto lo digo yo. La vida no es como la has visto en el cine. La vida...es más difícil. ¡Márchate! ¡Regresa a Roma! ¡Eres joven! ¡El mundo es tuyo! No quiero oírte más. Sólo quiero oír hablar de ti.

No vuelvas. No pienses en nosotros. No llames, no escribas. No te dejes engañar por la nostalgia. Olvídanos. Si regresas, no quiero que vengas a verme. No te dejaré entrar en mi casa. ¿Entendido?

- Gracias. Por todo lo que has hecho por mí.
- Hagas lo que hagas, ámalo. Como amabas la cabina del Paradiso cuando eras niño.











Y he aquí, con esto me quedo: no me dejo engañar por la nostalgia y haga lo que haga, le pongo todo el amor que mi ser puede dar, tal como lo hice en la tierra que me vio nacer... esa tierra bendita que recuerdo y llevo .en mi corazón


lunes, 13 de noviembre de 2017

¡AUXILIO! trato de crear un blog

Y un día me encontré en el momento que durante varios años había evitado: sentada frente al procesador de palabras, con el arrebato apasionado, terrorífico, inquietante de volver a escribir.

De nuevo el teclado y yo, nos volvemos a ver las caras frente a frente (más bien tecla a dedo) como dos antiguos amantes con el nerviosismo de encontrarse una vez más. Lo confieso: me invade el terror y la fascinación: siento como si estuviese por perder la virginidad otra vez.

Poco a poco, en cada tic-tic, la fascinación le va ganando terreno al temor, tal como lo va haciendo el más tierno (y mejor) amante: con dulzura, pasión, paciencia, y suaves caricias seductoras, va deshojando la margarita, en este caso, de mis pensamientos.

Sin embargo, a pesar del empeño de mi dulce amante por complacerme (sigo hablando del teclado) ...  por minutos me siento perdida en  este tema de la dichosa tecnología... ya es bastante carga emocional "colocarte" en bits, como para encima lidiar con temas, tipografía, diseño, fotitos y demás artilugios... cuando lo que en verdad deseo es volver a esta pasión de poner mis pensamientos conscientes en palabras.

¿Te ha sucedido? que de pronto te ves perdido... no sabes donde colocar tu foto, o cual colorcito es más lindo, o si refleja realmente quien eres... y lo más atemorizante: TODO EL MUNDO LO VA A LEER!!! AUXILIO!!! que alguien me ayude.

Valga esta breve aclaratoria para quienes ya estén desilusionados de haber llegado a mi blog: no encontrarás acá a una persona fuera de serie, mucho menos a una heroína con súper poderes: apenas a esta maracucha, cada día más parecida a la pequeña Libertad de Quino: "yo sólo soy una persona muy simple".




No hay lugar como el hogar... ¿Dónde queda eso?

Esta mañana volví a despertar con el nudo en la garganta. Duro, ¡qué duro es! Tomar de nuevo las maletas y dar el abrazo que nunca quie...