Hace unos
días, Mi Amor y yo conversábamos sobre temas cotidianos. Y mientras él me contaba
sobre situaciones laborales agobiantes (por suerte logró solucionarlas) lanzó
esta frase que me dejó pensando: “Ya no estoy en edad para sufrir”.
Todos
llegamos, en algún momento, a esa coyuntura de la vida donde la sensación primaria
es: “no aguanto más”. No aguanto más a esta pareja, no aguanto más este empleo,
no aguanto más el estrés por el negocio… en fin esa situación de que vives en
la esfera de lo INSOPORTABLE.
Pero… se
puede llegar a decir: ¿no aguanto más este País? ¿Cuando, precisamente, ese
País es el tuyo? Sinceramente, yo lo dudo. Particularmente el venezolano demuestra
un amor frenético por su tierra, no en vano nos escucharás: en Venezuela lo
teníamos todo.
Así que,
además de valentía, necesitas razones fuertes y poderosas para tomar una de las
decisiones más difíciles de tu vida: emigrar. Si no las tienes, piénsalo dos
veces antes de hacer las maletas. Aquí he visto a más de un arrepentido, peor aún,
arruinado y retornado a casa “con las tablas en la cabeza” más pobre de como
salió.
En mi caso, te
las resumo (parafraseando a Mi Amor): ya no estoy en edad para sufrir, ni mucho
menos para ver sufrir a mi hijo. Por eso me vine con todo el impulso a
conquistar el mundo. Que haya sido en Argentina es circunstancial, la verdad
nunca imaginé vivir aquí; afortunadamente ha sido una circunstancia muy linda
llena de oportunidades, amistades leales y una historia de amor que se escribe
pasito a pasito.
¿Cuáles son
tus razones? Eso pregunté a varios de mis paisanos que lograron recuperarse
económicamente y reinventarse la vida aquí. Espero te ayuden a evaluar si de
verdad ESTÁS CONVENCIDO DE EMIGRAR.
- No veo oportunidades para crecer: Todo joven recién graduado sueña con ejercer su profesión, comprar su primer auto, su primera casa, pagarse sus primeras vacaciones. La gran tragedia tricolor es la diaria fuga de cerebros. Aquí han conseguido los mejores empleos y los sueldos más onerosos. Argentina sabe que son un capital humano con temple y preparación. Si hay algo que el venezolano sabe hacer es TRABAJAR
- La vida que tenía se terminó, voy a empezarlo todo de nuevo: Esta fue mi razón inicial para empacar. Hasta la llegada de Chávez al poder, había comprado mi primera casa, mi auto cero kilómetros (por cierto lo compré de contado), tenía puestos de mando muy importantes en mis dos empleos y consolidé el negocio de mis sueños. En el trayecto de 18 años de Patria me quedé sin auto, mi casa en ruinas, mi salario era pírrico (3 dólares por mes), mi negocio estaba en peligro, y tuve que vender mis tesoros más valiosos para que mi hijo pudiera comer sus tres platos diarios. Esa sensación de “las manos vacías” te mueve: ¿Volver a construir la vida, por qué no? ¿Qué puedo perder que no haya perdido ya.
- Soy enemigo del gobierno: Cientos de jóvenes derramaron la vida en las protestas, con la esperanza de que al menos sus familiares tuvieran una vida digna. Y otros miles, perseguidos por el gobierno, salieron por aire, mar o tierra llevando consigo lo mínimo. Estos son los más nostálgicos: para ellos no existe la opción de regresar y son los que más anhelo tienen de ello.
- Mis hijos o mi familia ya tienen tiempo aquí: Es el caso de los padres, abuelos, personas mayores, que un día se vieron solos en su ciudad. Ciertamente a las personas mayores nos cuesta desprendernos de la vida construida a lo largo de los años. Sin embargo, cuando llegan las fechas festivas (navidad, día de la madre, semana santa) y te das cuenta de cuantas sillas vacías bordean la mesa, te das cuenta de que tu hogar está donde viven los tesoros de tu corazón.
Sea cual sea tu razón, afiánzate en ella y arma tu plan para construir la vida que anhelas para ti y para tu familia. Evalúa si es lo suficientemente poderosa como para salir de tu zona de confort, o si sólo estás escuchando cantos de sirenas. Emigrar no es cualquier cosa, pregúntate si estás dispuesto REALMENTE a empezar todo de nuevo.





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