No sólo por la familia, los amigos y hasta los enemigos que ya es bastante... sino por la Tierra, por la Patria (la que se lleva en los genes) por el País, te das cuenta entonces que siempre has querido a tu terruño. No importa donde vayas, tu espíritu tricolor te acompaña siempre.
El venezolano ama tanto a su País, siempre estuvo tan orgulloso de vivir en la cuna de Bolívar que para cualquier argentino resulta increíble la cantidad de personas, día a día, llegando por Ezeiza, Aeroparque o por el peaje terrestre con Chile. Las cifras estadísticas más tímidas hablan de 2 millones emigrando; sólo en Argentina la migración venezolana creció 140%. El servicio de Migraciones contabilizó 24.367 venezolanos radicados en forma temporaria o permanente y los pronósticos indican que la cifra del 2017 cerrará en 15.000 personas más.
Claro, cómo íbamos a querer salir de una tierra tan completa, con petróleo, ganado, siembra, nieve, costa, selva, sabana, montaña, médanos todo, todo, todo? pero la realidad dinámica de la vida nos tiene en esta suerte de estampida colectiva, no voy a ahondar en este momento sobre los motivos... no quiero empezar a llorar ahorita.
El otro día conocí a Marcelo, dueño de una tienda de indumentaria femenina en la zona de Villa Crespo (como cosa rara, yo andaba de turismo shopping, probándome ropa y chupando vidrios con mi hermana Lissette jijiji). Enseguida me escuchó hablar, detectó mi acento y me preguntó:
- ¿Sos venezolana?
- Sí - respondí, sin muchos detalles. Luego de un año en Buenos Aires he aprendido a no ahondar mucho en la situación de mi País, porque cuando te afincas en la situación de Venezuela durante una conversación es como si le dieras permiso al vecino para que se compadezca de ti o incluso para que critique o se sienta con derecho de "deliberar" sobre un tema que aun cuando estés a miles de kilómetros de distancia, te duele hasta los tuétanos.
- ¿De Maracaibo sos verdad? - ahí sí que me asombré porque el acento maracucho es muy distinto al del resto de los venezolanos, por no decir que es el más hermoso (humildad! humildad! jajaja).
- Es que yo viví más de 10 años en Venezuela, viví en Margarita, donde fui muy feliz - me aclaró - y te digo algo: yo jamás habría pensado que los venezolanos emigrarían, porque ustedes aman su tierra, allá lo tienen todo y a diferencia de la gente de otros países, a ustedes les encanta vivir en Venezuela. Esto que vemos es increíble para nosotros.
Pero bueno... sea cual sea tu historia, o la mía acá estamos. Los argentinos tienen una frase muy corta y contundente que acá viene muy bien: "ya está". Terminemos de aterrizar y vivamos lo mejor posible en esta Nación que nos recibe con las puertas abiertas y su carácter amistoso.
La nostalgia por la tierra que te vio nacer es inevitable: en los primeros días te atormenta, te acecha a cada momento, en cada lugar te recuerda en donde "no estás" y a donde no se sabe si algún día regresarás. Pero luego, con el tiempo, y si has tomado la inteligente decisión de vivir sin apegos y con la actitud positiva de quien mira siempre para adelante, puede que la nostalgia se convierta en esa fiel compañera que viene a ti como suave brisa para refrescarte la memoria con dulces recuerdos. Y así... puede que logres sobrevivir a la distancia.
La nostalgia por la tierra que te vio nacer es inevitable: en los primeros días te atormenta, te acecha a cada momento, en cada lugar te recuerda en donde "no estás" y a donde no se sabe si algún día regresarás. Pero luego, con el tiempo, y si has tomado la inteligente decisión de vivir sin apegos y con la actitud positiva de quien mira siempre para adelante, puede que la nostalgia se convierta en esa fiel compañera que viene a ti como suave brisa para refrescarte la memoria con dulces recuerdos. Y así... puede que logres sobrevivir a la distancia.
En ocasiones, cuando se pone traviesa esta singular duendecilla del pesar y amenaza con doblegar mi buen ánimo, tentándome entonces a atravesar la delgada línea de la tristeza y la amargura, me resulta útil recordar una de mis escenas favoritas: Cinema Paradiso, de Giusseppe Tornatore. En un momento crucial cuando el protagonista, Toto, se siente perdido en su pequeño pueblo y no sabe si irse a Roma para reconstruir su vida, su mejor amigo el anciano Alfredo le insufla, le impulsa a emprender nuevos rumbos sin dejarse abatir por la nostalgia:
- Totó, Vete. Esta tierra está maldita. Mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo. Te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año, dos, y cuando vuelves todo ha cambiado... No encuentras a quien querías encontrar. Tus cosas ya no están. Has de ausentarte mucho tiempo, muchos años, para encontrar a tu vuelta, a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es posible...
- Totó, Vete. Esta tierra está maldita. Mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo. Te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año, dos, y cuando vuelves todo ha cambiado... No encuentras a quien querías encontrar. Tus cosas ya no están. Has de ausentarte mucho tiempo, muchos años, para encontrar a tu vuelta, a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es posible...
-¿Quién dijo eso Alfredo? ¿Gary Cooper, James Stewart, Henry Fonda?
- No, Totó. Eso no lo dijo nadie. Esto lo digo yo. La vida no es como la has visto en el cine. La vida...es más difícil. ¡Márchate! ¡Regresa a Roma! ¡Eres joven! ¡El mundo es tuyo! No quiero oírte más. Sólo quiero oír hablar de ti.
No vuelvas. No pienses en nosotros. No llames, no escribas. No te dejes engañar por la nostalgia. Olvídanos. Si regresas, no quiero que vengas a verme. No te dejaré entrar en mi casa. ¿Entendido?
- Gracias. Por todo lo que has hecho por mí.
- Hagas lo que hagas, ámalo. Como amabas la cabina del Paradiso cuando eras niño.
Y he aquí, con esto me quedo: no me dejo engañar por la nostalgia y haga lo que haga, le pongo todo el amor que mi ser puede dar, tal como lo hice en la tierra que me vio nacer... esa tierra bendita que recuerdo y llevo .en mi corazón
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